La ciudad se transforma este fin de semana en una villa medieval con calles abarrotadas, hoteles completos y actividad hasta 50 kilómetros a la redonda. Detrás del espectáculo hay meses de planificación y un impacto económico real que convierte esta recreación histórica en uno de los grandes motores turísticos de Aragón.
La ciudad se transforma este fin de semana en una villa medieval con calles abarrotadas, hoteles completos y actividad hasta 50 kilómetros a la redonda. Detrás del espectáculo hay meses de planificación y un impacto económico real que convierte esta recreación histórica en uno de los grandes motores turísticos de Aragón.