Un poemario que es un mapa, que se concibe como un círculo, que propone distintos recorridos, que registra simas y montañas, en el que suenan voces y silencios, en el que la memoria juega con el aquí y ahora, y en el que las coordenadas son la piel, los huesos, la sangre o el corazón. Ale Oseguera publica “Mi rostro es un mapa de mi cuerpo”, un poemario complejo en el que se percibimos cicatrices. No solo las suyas, Mi rostro es un mapa de mi cuerpo se abre a otros cuerpos, mitológicos, migrantes, privilegiados, amados y heridos.
Un poemario que es un mapa, que se concibe como un círculo, que propone distintos recorridos, que registra simas y montañas, en el que suenan voces y silencios, en el que la memoria juega con el aquí y ahora, y en el que las coordenadas son la piel, los huesos, la sangre o el corazón. Ale Oseguera publica “Mi rostro es un mapa de mi cuerpo”, un poemario complejo en el que se percibimos cicatrices. No solo las suyas, Mi rostro es un mapa de mi cuerpo se abre a otros cuerpos, mitológicos, migrantes, privilegiados, amados y heridos.