El Toledo del siglo XVI, esa catedral centro de la música en la España de la época, es el escenario elegido por el lutier, director de la Escuela de Violería y fundador del Museo de la Trashumancia en Guadalaviar, el turolense Javier Martínez para su primera novela, “Mateo Arratia, el violero que se confesaba a los arboles”. La historia nace de un legajo descubierto por Javier en la investigación para su tesis doctoral y nos lleva a conocer el mundo de los talleres artesanos de instrumentos musicales, pero también el de las tabernas y prostíbulos del Toledo de una época dorada. Javier es el padre literario de una criatura fascinante, Mateo Arratia, que existió en realidad, nieto, hijo y sobrino de una estirpe de lutiers vallisoletanos que escapa para empezar una nueva vida en el Toledo del siglo XVI. Este joven tan inocente como espabilado, trabajador y pendenciero, es el personaje principal de nuestra historia
El Toledo del siglo XVI, esa catedral centro de la música en la España de la época, es el escenario elegido por el lutier, director de la Escuela de Violería y fundador del Museo de la Trashumancia en Guadalaviar, el turolense Javier Martínez para su primera novela, “Mateo Arratia, el violero que se confesaba a los arboles”. La historia nace de un legajo descubierto por Javier en la investigación para su tesis doctoral y nos lleva a conocer el mundo de los talleres artesanos de instrumentos musicales, pero también el de las tabernas y prostíbulos del Toledo de una época dorada. Javier es el padre literario de una criatura fascinante, Mateo Arratia, que existió en realidad, nieto, hijo y sobrino de una estirpe de lutiers vallisoletanos que escapa para empezar una nueva vida en el Toledo del siglo XVI. Este joven tan inocente como espabilado, trabajador y pendenciero, es el personaje principal de nuestra historia