La Torre de Babel - 13/01/2020 - Alejandro Simón Partal y Templarios en SIPCA

LA TORRE DE BABEL

La gratitud, la alegría, esos pequeños momentos en los que la consciencia de la felicidad nos alcanza, esos detalles de la vida, el amor o la tierra que nos hacen sonreír y comprender que la felicidad no es un absoluto, sino la suma de pequeños buenos momentos, de buenas horas. Una buena hora recoge esos momentos, esa alegría de vivir, la luz de una tarde, el color de los árboles, el amor entendido como milagro. Una buena hora es el poemario con el que Alejandro Simón Partal ha ganado el prestigioso Premio de Poesía Hermanos Argensola y del que hoy hablamos en La torre de Babel. Pedro I de Aragón, al frente de un numeroso grupo de caballeros, se disponía allá por el año 1100 a unirse a la cruzada para liberar Jerusalén cuando el Papa les recordó que su propio reino estaba amenazado. Pedro decidió entonces sitiar Zaragoza, y aunque no consiguió doblegar la ciudad, lo haría Alfonso I diecisiete años más tarde. El ideal de las cruzadas impulsaría muchas de las decisiones de ambos y abrieron las puertas de Aragón a las órdenes militares, un asunto, del que hoy hablamos con Paco Bolea en nuestra sección de Archivos de Aragón.

La Torre de Babel - 13/01/2020 - Alejandro Simón Partal y Templarios en SIPCA

La gratitud, la alegría, esos pequeños momentos en los que la consciencia de la felicidad nos alcanza, esos detalles de la vida, el amor o la tierra que nos hacen sonreír y comprender que la felicidad no es un absoluto, sino la suma de pequeños buenos momentos, de buenas horas. Una buena hora recoge esos momentos, esa alegría de vivir, la luz de una tarde, el color de los árboles, el amor entendido como milagro. Una buena hora es el poemario con el que Alejandro Simón Partal ha ganado el prestigioso Premio de Poesía Hermanos Argensola y del que hoy hablamos en La torre de Babel. Pedro I de Aragón, al frente de un numeroso grupo de caballeros, se disponía allá por el año 1100 a unirse a la cruzada para liberar Jerusalén cuando el Papa les recordó que su propio reino estaba amenazado. Pedro decidió entonces sitiar Zaragoza, y aunque no consiguió doblegar la ciudad, lo haría Alfonso I diecisiete años más tarde. El ideal de las cruzadas impulsaría muchas de las decisiones de ambos y abrieron las puertas de Aragón a las órdenes militares, un asunto, del que hoy hablamos con Paco Bolea en nuestra sección de Archivos de Aragón.