Nacer en una ciudad estigmatizada implica mantener un pie permanentemente clavado en el pasado, porque una cosa es la historia popular de los hechos y otra la historia real de los acontecimientos. Entenderán en seguida de qué estamos hablando si ponemos como ejemplo ciudades como Auschwitz, Belfast, Pearl Harbour, Nagasaki, Gernika o Belchite. Todas ellas han sido escenario de episodios negros de la historia, episodios que han pasado a la memoria colectiva con el nombre de la ciudad en la que ocurrieron. Esas ciudades, esos ciudadanos, siguieron adelante con esa marca que perdura en la memoria universal. Son ciudades estigmatizadas, que se convierten en recordatorio de nuestras miserias, el lugar concreto en el que simbolizamos la barbarie, el miedo, la incertidumbre y, en ocasiones, el perdón y la esperanza. Hay ciudades que no pueden desprenderse de su pasado y Sobre estas ciudades escribe ALVARO COLOMER EN Guardianes de la memoria, viaje por las cicatrices de la vieja Europa, con paradas en Gernika, Chernobil, Transilvania, Lourdes y Auschiwitz, un ensayo del que hoy hablamos en la Torre de Babel. Algunas de las historias que Alvaro nos cuenta podrían ser pura ficción, salidas de la cabeza de algún escritor de misterio y terror. No es así, desgraciadamente. Si lo son las que nos cuenta Elia Barceló, una artista en la mezcla del género negro con la novela de misterio y ciencia ficción e historias cotidianas. La noche de plata es su última propuesta gracias a la cual viene a Zaragoza con el festival ARAGON NEGRO y de la que hoy hablamos en La Torre de Babel.
Nacer en una ciudad estigmatizada implica mantener un pie permanentemente clavado en el pasado, porque una cosa es la historia popular de los hechos y otra la historia real de los acontecimientos. Entenderán en seguida de qué estamos hablando si ponemos como ejemplo ciudades como Auschwitz, Belfast, Pearl Harbour, Nagasaki, Gernika o Belchite. Todas ellas han sido escenario de episodios negros de la historia, episodios que han pasado a la memoria colectiva con el nombre de la ciudad en la que ocurrieron. Esas ciudades, esos ciudadanos, siguieron adelante con esa marca que perdura en la memoria universal. Son ciudades estigmatizadas, que se convierten en recordatorio de nuestras miserias, el lugar concreto en el que simbolizamos la barbarie, el miedo, la incertidumbre y, en ocasiones, el perdón y la esperanza. Hay ciudades que no pueden desprenderse de su pasado y Sobre estas ciudades escribe ALVARO COLOMER EN Guardianes de la memoria, viaje por las cicatrices de la vieja Europa, con paradas en Gernika, Chernobil, Transilvania, Lourdes y Auschiwitz, un ensayo del que hoy hablamos en la Torre de Babel. Algunas de las historias que Alvaro nos cuenta podrían ser pura ficción, salidas de la cabeza de algún escritor de misterio y terror. No es así, desgraciadamente. Si lo son las que nos cuenta Elia Barceló, una artista en la mezcla del género negro con la novela de misterio y ciencia ficción e historias cotidianas. La noche de plata es su última propuesta gracias a la cual viene a Zaragoza con el festival ARAGON NEGRO y de la que hoy hablamos en La Torre de Babel.