Ser maquinista de tren a los 77 años, estudiar una carrera, bailar ballet clásico tras la jubilación, aprender a leer o montar a caballo con 88 años son algunas de las historias que muestran que no hay edad para cumplir los sueños
Ser maquinista de tren a los 77 años, estudiar una carrera, bailar ballet clásico tras la jubilación, aprender a leer o montar a caballo con 88 años son algunas de las historias que muestran que no hay edad para cumplir los sueños